¿Coincidencias históricas? El 3 de enero y el precedente de los dictadores en América Latina


Washington / Panamá / Caracas – 3 de enero

El 3 de enero queda marcado en la historia política de América Latina como la fecha en la que Estados Unidos detuvo a dos dictadores en contextos distintos pero con un mismo desenlace: la pérdida del poder y la captura.

En 1990, el dictador panameño Manuel Noriega fue capturado por fuerzas estadounidenses tras la invasión a Panamá conocida como la Operación Causa Justa. Noriega fue trasladado a Estados Unidos, juzgado y condenado por narcotráfico, lavado de dinero y conspiración.

Treinta y seis años después, este 3 de enero de 2026, Estados Unidos volvió a detener a un dictador latinoamericano. El Donald Trump confirmó públicamente que Nicolás Maduro fue capturado durante una operación a gran escala, ejecutada en Venezuela en coordinación con agencias de seguridad estadounidenses, y sacado del país bajo custodia.

Confirmación oficial desde la fuente

La confirmación fue realizada directamente por Donald Trump a través de un mensaje público, en el que informó que Maduro y su esposa se encuentran detenidos y que la operación fue llevada a cabo con apoyo de fuerzas de seguridad de Estados Unidos, anunciando además una rueda de prensa oficial para ampliar los detalles.

Dos dictadores, un mismo destino

El paralelismo histórico es inevitable. Tanto Noriega como Maduro enfrentaron durante años aislamiento internacional, sanciones, acusaciones judiciales y señalamientos por violaciones a los derechos humanos y vínculos con el crimen organizado. En ambos casos, el 3 de enero marca el punto final del control absoluto que ejercían sobre sus países.

La captura de Noriega en 1990 cerró un ciclo autoritario en Panamá. La detención confirmada de Maduro en 2026 abre ahora un nuevo capítulo para Venezuela y para el equilibrio político de la región.

El 3 de enero deja de ser una coincidencia y se consolida como una fecha histórica en la que Estados Unidos detuvo a dos dictadores latinoamericanos, separados por décadas, pero unidos por el mismo desenlace.


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